Todo
mundo alguna vez ha pasado o pasará por
la etapa de crecimiento conocido como la adolescencia, en donde prácticamente
es el periodo de vida que transcurre de la infancia a la adultez. Sin embargo implica
muchas cosas más además del solo hecho de los años de vida.
Ocurren
bastantes cambios tanto físicos como psicológicos, afectando directamente en la
persona que lo sufre, así como en la familia del adolescente, ya que la persona
está prácticamente descubriendo el mundo y lo que acontece a su alrededor.
Mucho
se ha escuchado que ésta es la etapa de la vida más difícil en una persona,
pues en la búsqueda de identidad y autonomía, uno se puede entrometer en
conflictos que pueden marcar el resto de su vida, desde retrasar su madurez,
como adelantarla.
La
rebeldía durante esta etapa puede ser un fenómeno natural en el crecimiento del
ser humano, sin embargo, a pesar de todo esto, siempre existe un límite de actitudes
inadecuadas y actitudes rebeldes, por lo que los padres deben de estar al tanto
de lo que les pasa a los hijos.
Es
un tema controversial y subjetivo acerca del “qué tanto entrometerme en la vida
de mi hijo”. Obviamente el comportamiento del adolescente es relativo a la
sociedad, a la familia, y a su propia personalidad, pero en general hay rasgos
que deben evitarse.
El
largo periodo de desgano, enfado, comportamientos impulsivos, estrés, cambios
de humor extremos, son ejemplos de una etapa de adolescencia en su máximo
esplendor, pero no significa que necesariamente sea negativo.
Negativo
podría ser cuando los jóvenes comienzan a tomar bebidas alcohólicas, a fumar
sustancias tóxicas, a drogarse o tomar actitudes violentas. Es decir,
prácticamente cuando las acciones pueden suponer algún riesgo para el mismo
adolescente o para personajes ajenas a él.
“Entrometerse”
puede ser un término despectivo y mal empleado por los padres. Pero para educar
a los hijos obviamente deben estar enterados por lo que están pasando, por lo
que primero se debe analizar las alternativas de comportamiento de ambas
partes, tanto de los padres como de los hijos, y saber como adentrarse poco a
poco en el tema de interés.
Muchos
padres, por evitar interferir en la vida de sus hijos, dejan que hagan lo que
ellos quieran; es cuando comienzan a descarrilarse, como coloquialmente se
dice. Pero se debe saber que esto no es así.
Para
evitar cualquier problema es necesario la comunicación continua, no
necesariamente profunda ni intima, sino saber y conocer al adolescente, pues
entenderlos es la manera más fácil de vivir esa etapa y continuar exitósamente.